IbonRG y Enrike Hurtado publican nuevo álbum el 2 de julio

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De la misma manera que hay discos que no huelen a nada -‘¿A qué huelen las cosas que no huelen?’, se preguntaba el poeta-, hay discos que desprenden un intenso aroma a homenaje. Eau d’hommage. Homenaje, que proviene de la voz latina hominem, detrás del cual suele haber una persona a la que se quiere, valga la redundancia, homenajear -también se suelen homenajear entes más abstractos, como la patria, cosa que me cuesta entender: no hay nadie que reciba los honores; entiendo que ese tipo de homenajes deben ser más bien autohomenajes-. O, más que una persona, suele haber varias personas, ya que para homenajear a alguien hace falta un homenajeado, pero hace falta también un homenajeador. O varios homenajeados y homenajeadores, con lo que esto se convierte en una especie de bacanal, no necesariamente carnal -de hecho, acostumbran a ser más bien de tipo espiritual, casi etéreo-.

Partimos de la base de que Joxan Artze (1939-2018) es un tío realmente homenajeable: poeta de vanguardia en sus primeros libros -de los que provienen los textos aquí recogidos, tan lúcidos como lúdicos-, dispuesto a mezclar la poesía con otras disciplinas artísticas, al que algunos han colocado dentro de un movimiento llamado poesía visual -ya estamos otra vez con las etiquetas, qué manía-. Poesía musical podría ser también, dada la gran cantidad de músicos que han puesto melodía a sus poemas -encarnados todos ellos por el gran Mikel Laboa, creador del himno nacional ‘Txoria txori’, que lo cantan incluso los jugadores de rugby del Aviron Bayonnais, y cuya letra se cree ya popular, cuando en realidad es del propio Artze-. Siempre a contracorriente, por encima de cualquier moda, innovando, buscando, abriéndose camino machete en mano por la espesa selva de la poesía oficial. A veces experimental (Edipo berriari) y/o político-social (Amaren sabela), otras veces lírico (Euria bezain garden) y/o picante (Atso otsoa). Una rara avis, vaya, pero completamente contemporánea.

Por otra parte están los homenajeadores, dos, IbonRG y Enrike Hurtado, con una amplia trayectoria ambos en lo musical, que se juntaron un buen día para homenajear y darse un homenaje a cuenta de nuestro querido poeta. IbonRG da continuación aquí al camino abierto en su primer disco, ‘Hil zara’ (2019), trabajando la voz tanto desnuda como acompañada del piano; y Enrike Hurtado experimenta, al igual que en sus proyectos en solitario Azunak y Bazterrak, con los softwares desarrollados por él mismo. Las piezas que salen, once en total, son del todo variadas: van desde el a capella más orgánico hasta el instrumental más electrónico, dándole especial protagonismo a la txalaparta -instrumento recuperado para lo artístico por Joxan Artze y su hermano Jexux, por cierto-, tocada a la antigua usanza -con un solo tablón de madera-, pasada por los softwares creados por Enrike -que trituran y reorganizan el sonido-, o incluso tocando el piano como si fuera una txalaparta -con aires del difunto Chick Corea-. Y así es como se consuma el acto, de homenaje se entiende. Homenaje, que no consiste en decir qué bueno, qué alto, qué guapo que eres, qué bigote tan bonico que tienes. Homenaje, que es punto de partida, inspiración, yo te cojo unas cositas, pero voy a hacer otras cositas, las mías, no las tuyas copiadas, sino unas nuevas, inspiradas, más de cerca, o lejanamente, en las tuyas. Todo acto de creación es, en el fondo, un acto de recreación: nadie crea nada, valga otra redundancia, de la nada. Todo acto de creación es, entonces, un acto de homenaje, y este en concreto es uno muy particular a Joxan Artze, a su/la poesía, a su/la búsqueda incesante, a su/la falta de conformismo. Y es, en última instancia -aunque parezca el eslogan de una funeraria-, un gran homenaje a la vida. Gracias a homenajeado y homenajeadores, pues, que nos han dado tanto.

oMOrruMU baMAt. Eau d’hommage, Aritz Galarraga.

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