Con dos álbumes publicados, «Trapezoide» en 2019 y «Nuevo orden mágico» en 2022, así como múltiples conciertos por la península y Europa a su espaldas, Espiricom regresan ahora con su tercer trabajo de estudio, llamado «Selección sobrenatural». Un disco que nos invita a reflexionar sobre el callejón sin salida al que nos han conducido siglos de progreso material y un vivan las cadenas que nos adscribe a la decadencia. Ahora ha llegado el momento de tomar partido, y no es sólo una cuestión política o social, se trata de una urgencia filosófica que implica dar el siguiente paso evolutivo hacia un ser humano con conciencia individual y colectiva plena, sin la cual no hay futuro pues la humanidad será ética o no será.
Grabado por la propia banda en su local de ensayo, el trío formado en la actualidad por Alfonso Alfonso (Artificiero, Nepal napalm, Schwarz), José Luis López (Builthenburnt, Crudo pimiento, Nepal napalm) y Julián Egea (Volga) parece guiarse por una suerte de máxima en torno al más es más, con la que consigue conciliar magistralmente los extremos de ese rock electrónico que les hace tan particulares. Gracias a ello, ahora en «Selección sobrenatural» podemos degustar nuevas aristas formales nunca antes exploradas, así como una mayor y más orgánica contundencia en la ejecución. Hay más psicodelia sí, pero también más hueso y más tierra.
El disco empieza con «Miedo al miedo», una llamada de alerta contra el temor inoculado, al son de percusiones y campanas que entrelazan sus pulsos entre cabalgantes compases de rock bien denso. Le siguen «Las arenas largas», canción inspirada en aquella idea de finitud de Vicente Aleixandre, que aquí hace referencia al paisaje desértico del sureste murciano de donde proviene la banda. Luego y a ritmo de azote de martillos, en «Ácido rojo sangre» celebramos ante nuestro doppelgänger que la persona no es isla. Y de nuevo, otra referencia poética: en este caso, los versos de Gabriel Celaya afilan una de las canciones más industriales, evocadoras e intimidantes del disco, «Se mueven». Tras ella, nos arrolla el frenesí de «Queda el ruido», antes de llegar a «Enciendo el fuego en el bosque del mono». Un tema explícitamente tribal que nos prepara y nos conduce, ahora sí, al desenlace hipnótico de «Káfir», donde sientan los fundamentos de su autodenominado, con ironía y convicción, electrostoner.





















