Si no olvido bien

Picore

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Aquí se convierten definitivamente en enormes (…) ROCKDELUX Joan P. Holguera

Agitados por la ilusión, el engaño, la burla. Hurgando entre la aclamación, la competición y las ambiciones exaltadas habituales en la posmodernidad. Picore ha sumido una constelación de supuestos y posibilidades en el charco de su quinto álbum de estudio. Supuestos y posibilidades que son, todos ellos, políticos, poéticos, conceptuales y, ante todo, musicales. Si no olvido bien se articula a base de exquisitos azotes rítmicos y estructuras con raíces que vienen de más allá del rock, en un valiente espectro de tensiones armónicas.

El quinteto de Zaragoza – Thomas House vive en Brighton – es uno de los combos más aplastantes del panorama estatal. Desde hace ya dos discos, su aversión al acomodo les ha empujado a un subsuelo muy apartado de la media ‘alternativa’. Han despejado el camino sin concesiones, componiendo canciones maravillosamente complejas y esquivas, agujereando su propio sonido para poder respirar. Como en sus discos anteriores, los siete temas incluidos en Si no olvido bien siguen evitando tratar al oyente como si fuese idiota, una empresa en absoluto reñida con cuestionar los ángulos, vértices o pliegues que forman el conjunto de nuestros actos. ¿Qué hacer con tanto cartón prensado? Por citar, Valores fuera arroja una distopía colonial de razas y clases, Ya nos hemos reído bastante remueve la violencia latente en cada juego de palabras y Deus ex chapuza cuestiona una guerra de fines y medios que rebotan de pantalla en pantalla. En el rompecabezas sonoro que supone cualquier disco de Picore, ese mensaje-parte-del-todo (en voz casi off, fuera de plano) es nuestro guía, nuestro serpa, la cintura del funambulista que abrazamos cuando miramos de reojo hacia abajo.

Si no olvido bien expone un sorprendente pero – y esto es lo difícil – para nada forzado reto de inflexiones formales: Sobre polirritmias juguetonas (las alegrías en Dolores y cálculos), abriendo particiones impredecibles (los 5/3 y 3/4 de Una nocturna), con el énfasis en la dominante – inquebrantable marca de la casa, en la mayoría de temas – o mediante exageraciones armónicas, casi irónicas (En conserva, todo acordes mayores excepto uno). El disco se cierra con una mirada al cercano Este: Montañas, una canción anti-occidental sencillamente hermosa. Siete minutos de un sutil y paciente crescendo que formula dos preguntas definitivas: ¿Habrá forma más dócil de caer? ¿Dónde están ustedes?

Bideoak

Kritikak

Todo un referente del rock experimental patrio
Rubén Vela, Ruta 66
Ya eran grandes, pero aquí se convierten definitivamente en enormes
Joan P. Holguera, Rockdelux
Más afilado y certero que nunca, su mejor disco hasta la fecha
Redacción, Roq roto, copón!

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