Previamente anticipado por «Yo quisiera saber», Salva Alambre regresa ahora con su cuarto trabajo de estudio, titulado «Otra nube de polvo». Un álbum íntimo donde el artista murciano reflexiona con sensibilidad sobre la fugacidad de la vida y sobre aquellos aspectos que, tanto de forma sencilla como compleja, escapan a nuestro control. Nuevamente grabado con Marco Velasco en El miradoor, el disco se estructura en torno a dos suites que, a su vez, se articulan en varios temas cada una. A través de ellas, penetramos en un mundo donde la psicodelia, la sampledelia, el diseño de sonido y la electrónica experimental se dan la mano con el synth pop y art rock.
Así pues, nos adentramos en la primera parte del programa a través de «In memoriam». Pieza solemne y de tímbrica sinfónica que evoluciona en ciclos hacia una especie de rock monolítico que nos lleva a «El anillo de Gante». Primera canción con función propositiva propiamente, donde la lírica abre camino hacia lo confesional, entre pulsos de tecno pop y exótica de influencias orientales. Le sigue la fascinante «Salamandra». Tema instrumental a partir de una intervención experimental sobre ciertas sonoridades de la música del renacimiento, compuesta mediante el manipulado de samplers de instrumentos de la época. Cierra esta primera parte «Copas rotas». Canción descomunal, explícita y pop que nos habla sobre la pérdida y donde Alambre logra conectar con lo más profundo, hilando una serie de melodías sencillamente magistrales.
La segunda suite es tripartita y empieza con «Orfeo». Viaje de rock con piano, guitarras y sintetizadores en cuya coda se despliega una suerte de catarsis que desarma todo aquello construido hasta entonces… para volver a empezar con la segunda pieza instrumental del disco, encomendando al ser querido ante la diosa «Hathor». Se trata de un tema que, aunque haya sido escrito desde una perspectiva minimalista -a partir de la manipulación de cuerdas y vientos digitales- evoluciona hasta adquirir una carga dramática sostenida y firme, que nos conducirá hacia el final del recorrido, con «Colores nuevos» y su synth pop para la redención.






















