Liderada desde Xixón por Arantxa Carcedo (ESVA, Coru antifascista Al Altu la Lleva) y Alejandro Rodríguez (Pijamas Social Club, Kresy, Bep Kororoti), en poco tiempo y con solo dos sencillos publicados, Ciudad Naranco se ha hecho un valioso hueco en la escena alternativa de pop, gracias a su melódica mezcla de post-punk con elementos explícitos de la cold wave y la synth wave que cristaliza ahora en «Avería», su primer álbum.
Grabado, mezclado y masterizado por el propio Rodríguez en Ondas Parraque, «Avería» sintetiza el diagnóstico de un engranaje que ha dejado de funcionar y que, con su fallo mecánico, sabotea el sistema. Esta metáfora, cual ópera tecno-pop, cobra vida a través del periplo vital de una protagonista que es víctima de una tragedia moderna fruto de la opresión material, temporal y existencial: una mujer de mediana edad cuya vida descarrila y desciende por una espiral autodestructiva marcada por la evasión, la negación y la adicción, desembocando en una paranoia que la conduce a la disolución de su personalidad.
«Avería» arranca con una bofetada de realidad en «No eres», himno oscuro sobre el cartón piedra de los fetiches de juventud en los que se asienta la identidad y que la enfrenta a su propia mediocridad. Luego «Uñas de emperador» anticipa las consecuencias de una vida errática y las repercusiones que tiene para los seres queridos. Le sigue «Divertículos», donde toma la voz en primera persona para celebrar su amor por las tendencias lúdicas más peligrosas (no sin un cierto poso de autocompasión y de sensación de autocontrol). En «Intrascendencia», empieza a considerar la muerte como única certeza que se tiene en la vida, que la justifica en cierta forma y, a continuación, la poética y enigmática «Fuego temporal» cierra la cara A, cual rito iniciático de no retorno hacia la evasión total. La cara B empieza con «Funcionarios del karma», ahondando en el pozo de miseria donde el descontrol es norma. En «Frenopático» nuestra protagonista vuelve a asomar la cabeza, suplicando por un compañero en su deriva pero rendida por amor a la perdición y, a partir de ahí, la historia se precipita por una espiral de paranoia en contra del mundo (Complot), que se torna ceguera (Odio persistente) y que termina inevitablemente en tragedia (Cuerpos quebrados).






